ETER

Toda la comunicación pasa por ETER

JUSTICIA IN THE PENDIENTE

Opinión/ Por Martina Migliorisi.

Particularmente en los últimos días, una gran concentración de medios, mediante el periodismo mal llamado a veces «objetivo», mostró que es capaz de justificarlo todo.

El gobierno nacional también.

Existe hoy en Argentina una persecución pocas veces vista, si no es la primera vez. Las detenciones de ex funcionarios en los últimos días no podrían ser pruebas más obvias. No existe límite ni filtro de ningún tipo para disfrazar el deseo de ver todo vestigio de la gestión kirchnerista hundida en el fango.

Es en ese afán de montar un circo que pase por barro la dignidad de los implicados, donde cada detalle cuenta: Esposados en pijama, descalzos, recién levantados. Todo es funcional a una pantomima que el ciudadano consume, aún sin intención de hacerlo.

Los monopolios, históricamente amistosos con los gobiernos de la República, aseguran un blindaje mediático absoluto al oficialismo actual.

El Poder Legislativo no es menos polémico: Escudándose tras una supuesta lucha contra la corrupción, y totalmente apartados de las tareas y normas judiciales, instalan mediante declaraciones muy bien estudiadas previamente, aquello que resulta ser una parte esencial de lo que más tarde repite el pueblo. Ídem con el Ejecutivo. Ídem con el Poder Judicial.

Ahora bien, entendiendo que bajo los criterios utilizados, muchos funcionarios actuales deberían correr la misma «suerte» que Julio DeVido o Amado Bodou, queda expuesto entonces el lamentable papel del Estado: No hablamos de un poder judicial independiente, ni de un país democrático, menos aún si las voces o los pensamientos opositores son limitados o silenciados. Aunque parezca increíble, la corrupción sigue funcionando como excusa por demás válida para saltear una condena, un procesamiento adecuado, y las instancias judiciales que cada caso conlleve, sin mencionar el hecho de que éste es probablemente uno de los términos más tergiversados y repetidos en el último tiempo por buena parte de la sociedad, aún así sin conocer su real significado.

No es coincidencia; cuando hablamos del cuarto poder, hablamos de un lavado de cerebros alarmante; si bien los medios de comunicación siempre han jugado un rol por demás importante en la formación de opiniones de la sociedad, en los últimos años se ha tornado demasiado evidente su gran influencia.

El odio a la presa política Milagro Sala; el repudio a las tribus mapuches; la justificación de toda política implementada, aún cuando no se beneficie el pueblo; la molestia generada a partir de la desaparición forzada de Santiago Maldonado; la demonización de todo aquel que piense distinto; el voto en contra; son algunos ejemplos de la repercusión que tiene cada medio integrante del Grupo Clarín en cada una de sus páginas, de sus notas, de sus palabras.

Hoy, una gran parte de la sociedad argentina parece incapaz de percibir, comprender, o darse cuenta de los elefantes que bailan delante de ellos sin disimulo alguno. Quizá sea porque con el correr del tiempo, el telón se vuelve cada vez más grueso, y porque una vez que se le da cuerda a algo de dimensiones tan amplias, es imposible detener su crecimiento. Significa entonces un juego macabro que muchos optan por probar. Juego que no descansará, hasta colonizar a cada uno de ellos.

El escenario es espeluznante, y a medida que uno rasca, encuentra más y más mierda. Hoy se resume en un solo concepto: O te acoplás a estas ideas, o te perseguiré hasta reconfigurarte y hacer que las pienses por motu propio. Como si se tratara de una Matrix pero a la inversa: olvidá todo lo que conocés como realidad, porque lo que realmente vale, es vivir en el mundo fantástico. La venda es muy difícil de extraer, y más aún si el sujeto se resiste. La venda a veces cae cuando en paralelo suena la panza, cuando la heladera está vacía, cuando hay que renunciar a determinados derechos como si fueran privilegios, o cuando simplemente un buen día, en lugar de mirar el partido, volvés a mirar a la tribuna.

Despertar puede ser duro, pero peor vivir en la burbuja mediática… o quizás no: ahí no llega el desempleo, no llegan los tarifazos, y tampoco llega la inflación. Es ahí donde los malos están presos y los buenos manejan el país. Donde correr por la pradera  es algo rutinario, y donde el color amarillo significa todo lo bueno.

Afuera, en la oscura realidad excluída de esa burbuja, el panorama no podría estar peor: Desempleo, hambre, pobreza, frustraciones, enojo, lágrimas, y dolor. Un notable Upside Down, digno de Stranger Things, pero en la vida real.